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Cierre del basural a cielo abierto de Luján marca cambio ambiental tras 50 años de operación
El basural a cielo abierto más grande del país, ubicado en Luján y operativo durante más de 50 años, dejó de recibir residuos el 1 de julio de 2026. Este predio, que ocupaba 13,8 hectáreas cerca de la ruta provincial 192, había acumulado residuos sin tratamiento adecuado durante décadas, generando problemas ambientales como humo, malos olores y contaminación de líquidos. Durante años, el lugar recibía aproximadamente 120 toneladas de basura diarias, lo que provocaba quemas frecuentes y afectaba a los barrios cercanos como San Pedro, San Fermín, San Jorge, Santa Marta y Villa María. Desde el cierre, los residuos domiciliarios de Luján son trasladados al Ceamse, con un volumen de 97,8 toneladas diarias y un costo mensual de $80 millones para el municipio. Aunque el predio ya no recibe nuevos residuos, aún quedan tres hectáreas en el fondo del terreno, conocidas como la 'zona de sacrificio', donde permanece basura expuesta. El municipio avanza con el saneamiento ambiental, cubriendo los residuos y compactándolos, con el objetivo de completar el 'cierre técnico' para aislar los residuos acumulados. Además, el cierre del basural estaba vinculado a la construcción del Centro Ambiental 'Laudato Sí', un proyecto que debía incluir espacios para tratar materiales reciclables, escombros y neumáticos, además de un relleno sanitario. Sin embargo, las obras del centro ambiental quedaron paralizadas en 2023 debido a un conflicto judicial que llegó hasta la Corte Suprema, que en abril de 2025 resolvió a favor de la continuidad de los trabajos. A pesar de la resolución judicial, las obras aún no se han retomado y el financiamiento sigue pendiente. Los vecinos de los barrios cercanos ya notan una disminución en el humo y los malos olores, pero siguen reclamando la finalización del saneamiento del sector que aún permanece cubierto de basura. El proceso de remediación ambiental requiere controles a largo plazo, ya que los residuos depositados durante décadas generan escurrimiento que afecta al arroyo El Haras, tributario del río Luján. El municipio continúa trabajando para completar el saneamiento y garantizar un entorno más limpio y saludable para la comunidad.